La política de S.E. el
Presidente de la República frente al comunismo es clara y patriótica.- Al
condenarlo y sancionar las actividades de sus prosélitos, ni su Excelencia ni
los miembros de su Gabinete pretenden perseguir ideologías ni desconocer lo
sagrados derechos de la libertad de pensar y de la libertad de conciencia.- cumplen sólo con el deber primordial de mantener el orden público y de
resguardar las instituciones fundamentales de la nación.- No es, en efecto, una
inocente actitud ideológica ni el simple ejercicio de la libertad de pensar
organizar huelgas en los centros de actividades esenciales como lo fueron las
llevadas a cabo el año pasado en la zona carbonífera, en las salitreras, en los
establecimientos cupríferos y en servicios públicos tan fundamentales como los
ferrocarriles y correos y telégrafos.- Estas agitaciones condenables han estado
encaminadas a estrangular la vida económica y social de la nación, subvertir
el orden y producir la revolución y el caos en beneficio de los ambiciosos
planes del comunismo internacional.-
La política apuntada ha
merecido la aprobación unánime de toda la ciudadanía, que, en manifestaciones
clamorosas, ha hecho sentir al Primer Mandatario su adhesión y aplauso. Corresponde
esa política también a la posición que todas las democracias deben tomar en la
hora presente.- ante las ambiciones de dominio, imperialistas y avasalladoras,
de que da pruebas inequívocas la Rusia soviética y totalitaria, es una reciente
mues [pág. 1] tra de ello la triste suerte de la desgraciada Cheqoeslovaquia,
las democracias tienen la obligación de defender sus instituciones
fundamentales, en la seguridad, además, de que al proceder así, defienden los
valores esenciales de la civilización occidental.
Corresponde a las
autoridades educacionales cooperar decididamente a la patriótica política de
S.E. el Presidente de la república. Es, sin embargo, de sobra sabido, que el
comunismo ha contado por desgracia para la colectividad chilena, con ardientes
y resueltos partidarios en el profesorado, sobre todo en los maestros de grado
primario, sin que esto quiera decir que no los haya también en los de enseñanza
secundaria. A este hecho lamentable en sí, hay que agregar la circunstancia
apenas explicable de que los inspectores escolares y jefes de establecimientos
educacionales han parecido ignorarlo por completo. Al Ministerio no han llegado
generalmente informaciones al respecto, sino de vecinos alarmados, directamente
o por medio de la prensa, y de parlamentarios. Los mencionados funcionarios no
han dado muestra por lo común de que se hayan dado cuenta del problema, de que
se hayan preocupado de él ni de que hayan hecho a sus subalternos las
observaciones que habrían sido de rigor para sofocar el mal o impedir que
cundiera. Es verdad también que no han faltado entre los mismos inspectores
escolares, lo que es aun más de deplorar, militantes del comunismo.
Como, a pesar de las
medidas tomadas por el Supremo Gobierno, siempre llegan quejas al Ministerio de
desmanes de profesores comunistas, considero indispensable, para evitar más
funestas consecuencias, que los inspectores escolares y los jefes de
establecimientos educacionales redoblen su vigilancia al respecto y hagan saber
al personal de su dependencia que la propaganda y actividades comunistas son
incompatibles con las fun [pág.2] ciones de educador de una república que
quiere mantener sus instituciones democráticas.- Los mencionados jefes e
inspectores deben dar cuenta al Ministerio o a la correspondiente Dirección
general de lo que lleven a cabo en el sentido indicado, de los resultados de su
acción y de los casos en que ésta pueda haber sido inoperante.
Ruego a Uds. impartir sobre
el particular las instrucciones pertinentes.-
Saluda atentamente a Uds.-
En.- Archivo Nacional de Chile, Fondo Ministerio de Educación, Volumen 10629, Oficio 194.
