jueves, 11 de mayo de 2017

Oficio sobre la actividad comunista


La política de S.E. el Presidente de la República frente al comunismo es clara y patriótica.- Al condenarlo y sancionar las actividades de sus prosélitos, ni su Excelencia ni los miembros de su Gabinete pretenden perseguir ideologías ni desconocer lo sagrados derechos de la libertad de pensar y de la libertad de conciencia.- cumplen sólo con el deber primordial de mantener el orden público y de resguardar las instituciones fundamentales de la nación.- No es, en efecto, una inocente actitud ideológica ni el simple ejercicio de la libertad de pensar organizar huelgas en los centros de actividades esenciales como lo fueron las llevadas a cabo el año pasado en la zona carbonífera, en las salitreras, en los establecimientos cupríferos y en servicios públicos tan fundamentales como los ferrocarriles y correos y telégrafos.- Estas agitaciones condenables han estado encaminadas a estrangular la vida económica y social de la nación, subvertir el orden y producir la revolución y el caos en beneficio de los ambiciosos planes del comunismo internacional.-

La política apuntada ha merecido la aprobación unánime de toda la ciudadanía, que, en manifestaciones clamorosas, ha hecho sentir al Primer Mandatario su adhesión y aplauso. Corresponde esa política también a la posición que todas las democracias deben tomar en la hora presente.- ante las ambiciones de dominio, imperialistas y avasalladoras, de que da pruebas inequívocas la Rusia soviética y totalitaria, es una reciente mues [pág. 1] tra de ello la triste suerte de la desgraciada Cheqoeslovaquia, las democracias tienen la obligación de defender sus instituciones fundamentales, en la seguridad, además, de que al proceder así, defienden los valores esenciales de la civilización occidental.

Corresponde a las autoridades educacionales cooperar decididamente a la patriótica política de S.E. el Presidente de la república. Es, sin embargo, de sobra sabido, que el comunismo ha contado por desgracia para la colectividad chilena, con ardientes y resueltos partidarios en el profesorado, sobre todo en los maestros de grado primario, sin que esto quiera decir que no los haya también en los de enseñanza secundaria. A este hecho lamentable en sí, hay que agregar la circunstancia apenas explicable de que los inspectores escolares y jefes de establecimientos educacionales han parecido ignorarlo por completo. Al Ministerio no han llegado generalmente informaciones al respecto, sino de vecinos alarmados, directamente o por medio de la prensa, y de parlamentarios. Los mencionados funcionarios no han dado muestra por lo común de que se hayan dado cuenta del problema, de que se hayan preocupado de él ni de que hayan hecho a sus subalternos las observaciones que habrían sido de rigor para sofocar el mal o impedir que cundiera. Es verdad también que no han faltado entre los mismos inspectores escolares, lo que es aun más de deplorar, militantes del comunismo.

Como, a pesar de las medidas tomadas por el Supremo Gobierno, siempre llegan quejas al Ministerio de desmanes de profesores comunistas, considero indispensable, para evitar más funestas consecuencias, que los inspectores escolares y los jefes de establecimientos educacionales redoblen su vigilancia al respecto y hagan saber al personal de su dependencia que la propaganda y actividades comunistas son incompatibles con las fun [pág.2] ciones de educador de una república que quiere mantener sus instituciones democráticas.- Los mencionados jefes e inspectores deben dar cuenta al Ministerio o a la correspondiente Dirección general de lo que lleven a cabo en el sentido indicado, de los resultados de su acción y de los casos en que ésta pueda haber sido inoperante.

Ruego a Uds. impartir sobre el particular las instrucciones pertinentes.-

Saluda atentamente a Uds.-

Enrique Molina.


En.- Archivo Nacional de Chile, Fondo Ministerio de Educación, Volumen 10629, Oficio 194.