El año en que el futuro se acabo1
Franco Berardi (Bifo)
Premisa: las dos memorias del setentaysiete
Cuando se habla de 1977 vienen a la mente una serie de asociaciones
de ideas, imágenes, recuerdos, conceptos y palabras,
a menudo incoherentes entre sí.
El ‘77 es el año en el que estalló y se desplegó un movimiento
de estudiantes y de jóvenes proletarios que se
expresó de forma muy intensa en las ciudades de Bolonia y
Roma. En algunos ambientes, setenta y siete evoca violencia,
tropelías, años de plomo, miedo en las calles y en las
escuelas. En otros ambientes significa, en cambio, creatividad,
feliz expresión de necesidades sociales y culturales,
autoorganización de masas, comunicación innovadora.
¿Cómo pueden convivir estas dos visiones, a menudo en la
mente de las mismas personas? 1977 es un punto de contacto
o, más bien, de cesura, el punto en el que se encuentran (o
tal vez se separan, pero es lo mismo) dos épocas diferentes.
Por ello se trata del momento de emergencia y de formación
de dos visiones incompatibles, de dos percepciones disonantes
de la realidad. En ese año alcanza su madurez la historia
de un siglo, el siglo del capitalismo industrial y las luchas
obreras, el siglo de la responsabilidad política y las grandes organizaciones de masas. Se empieza a entrever la época
postindustrial, la revolución microelectrónica, el principio
de la red, la proliferación de los agentes de comunicación
horizontal, y, por tanto, la disolución de la política
organizada, la crisis de los Estados nación y de los partidos
de masas.
No debemos olvidar que 1977 fue —además del año de
los movimientos de contestación creativa en las universidades
y barrios italianos— muchas otras cosas, no todas alineadas
en la misma dirección ni bajo el mismo signo. Fue el
año del nacimiento del punk, el año del jubileo de la Reina
de Inglaterra contestado por los Sex Pistols, que pusieron
patas arriba la capital británica durante días y días con música
y barricadas lanzando el grito que marca como una maldición
los siguientes dos decenios: No Future. Pero es también el
año en el que en los garajes de Silicon Valley chicos, como
Steve Wozniak y Steve Jobs, hippies libertarios y psicodélicos
logran crear el interfaz user friendly2 que hará posible en pocos
años el acceso cada vez más amplio y popular a la informática
y después a la telemática de red. Es el año en el que Simon
Nora y Alain Minc escriben un informe al Presidente de la
República Francesa, Valery Giscard d’Estaing, titulado
L’informatisation de la société3, en el cual se esbozan las transformaciones
sociales, políticas, urbanísticas previsibles en la
época siguiente como consecuencia de la introducción en el
trabajo y en la comunicación de las tecnologías digitales y de
la telemática (es decir, la informática a distancia; es decir, la
conexión en red de los ordenadores; es decir, Internet).
1977 es también el año en el que son procesados los
rebeldes de la Banda de los Cuatro, Chiang Ching, Wang
Hung-Wen, Yao Wen-Yuan y Chiang Chung-Chao. Los
cuatro ultramaoístas de Shanghai fueron llevados encadenados
a Beijing y condenados a penas de cárcel larguísimas,
porque representaban, a ojos del grupo dirigente denguista4, la utopía de una sociedad igualitaria en la que
las reglas económicas serían anuladas en favor de una primacía
absoluta de la ideología. La utopía comunista empieza
su larga crisis precisamente allí donde había sido llevada
hasta sus consecuencias más extremas y sangrientas, allí
donde la Revolución Cultural Proletaria había desencadenado
las tendencias más radicales e intransigentes. Pero es también
el año en el que en Praga y Varsovia se extienden las primeras
acciones de disidencia obrera y los disidentes checos firman la
Carta 77. Es el año en el que Yuri Andropov (director entonces
del KGB) escribe una carta al cadáver ambulante de Leonid
Breznev (secretario general del PCUS y máxima autoridad de
la Unión Soviética) en la que le dice que si la URSS no es capaz
de recuperar con rapidez el retraso en el campo de las tecnologías
de la información el socialismo se hundirá. El ‘77 no se
puede comprender sólo ojeando el álbum italiano en el que
hallemos las fotos de jóvenes de pelo largo con la cara cubierta
por un pasamontañas o una bufanda. No se puede entender
limitándonos a escuchar eslóganes truculentos, en parte ideológicos,
en parte extrañamente surrealistas.
En ese año se pasa la página del siglo XX tal como en
1870–71, en las calles ensangrentadas de París, la Comuna
pasó la página del siglo XIX y mostró con qué luces y sombras
se anunciaba en el horizonte el siglo XX. Debemos
intentar tener en cuenta esta complejidad cuando hablemos
del acontecimiento italiano que fue el movimiento autónomo
y creativo, porque sólo a partir de esta complejidad
podremos entender qué sucede más allá de la crónica callejera,
de las manifestaciones, de los enfrentamientos, de los
cócteles molotov, más allá del debate sobre la violencia; más
allá de la represión violenta con la que el Estado y la izquierda
arremetieron contra el movimiento hasta criminalizarlo y
empujarlo en brazos del terrorismo brigadista.
Notas 1.- Capítulo de Franco Berardi (Bifo) y Verónica Bridi (eds.), 1977 l’anno in cui il futuro incominciò, Roma, Fandango 2002.2.- Interfaz amistoso con el usuario, el interfaz de usuario de los ordenadores basado en metáforas gráficas (carpetas, ventanas, escritorio) y en el uso del ratón [N. del E.].3.- Simon Nora y Alain Minc, La informatización de la sociedad, Madrid, Fondo de Cultura Económica 1982.4.- Por Deng Xiaoping, dirigente comunista chino. Vinculado desde los años cincuenta al ala moderada o conservadora del PCCh, fue destituido durante la Revolución Cultural Proletaria en 1967–69. Regresó al poder de la mano de Zhou Enlai en 1973. Tras la muerte de Zhou y Mao en 1976, se enfrentó con la llamada banda de los cuatro a la que desalojó del poder. Entre 1977 y 1987, Deng fue el inspirador de la reforma de la sociedad china hacia una economía capitalista bajo la dirección del partido comunista [N. del E.].
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